Y
al final me morí. Aquella noche no pude tomar, con mi flamante Ferrari último
modelo, esa curva a 180 km/h… Si hubiese hecho caso a la señal que me indicaba
curva peligrosa, quizá no estaría aquí, en la antesala de la gloria, esperando
a que Dios me recibiese en su cielo. Pero eso ya no importa… La verdad es que,
con mi estupendo “expediente religioso”, tendré reservado un sitio fenomenal
para disfrutar de la eternidad.
La
cosa es que allí estaba yo, sentado en una salita a la espera de ser recibido
por Dios. Junto a mi se encontraban dos hombres que también habían muerto
aquella misma noche. Viendo a mis dos compañeros de destino (que por sus
“pintas” y forma de hablar parecían haber salido de la cárcel), yo lo tendría
muy fácil para tener un sitio preferente cerca de Dios… Y no lo digo por
sentirme mejor que nadie, pero simplemente soy objetivo: A mi me bautizó el
Señor Arzobispo, mi Primera Comunión fue un gran acontecimiento en la ciudad y
mi Confirmación fue nombrada hasta en las revistas de la capital… Cundo me casé
había catorce curas y, además, ningún domingo ni fiesta de guardar he faltada a
misa.
Y
no solamente eso, he pertenecido a varias cofradías, participando en infinidad
de procesiones, he respetado siempre el ayuno en Semana Santa, sin probar carne
durante toda la Cuaresma ,
comiendo solo marisco, y por supuesto entregando limosna, cuando mis negocios
me lo permitían, para los más pobres. Y es que a mí siempre me ha preocupado la
gente pobre, los drogadictos, los niños desamparados y los negritos del África…
Como yo siempre he sido rico nunca he tenido reparo en entregar, en las fiestas
que preparaba en mi palacete con motivo del Día de la Caridad , varios cheques de
sumas importantes de dinero… ¡Cuántas veces ha aparecido mi foto en el Diario
realizando buenas obras! Estoy seguro, qué digo, segurísimo, que Dios ha tenido
en cuenta todas estas acciones y ya habrá preparado un magnífico y digno sitio
para este servidor.
Cuando
apareció Dios en la salita, junto a un señor que llevaba un llavero grandísimo
(San Pedro, claramente), yo me levanté rápidamente y, tras una genuflexión y
una larga reverencia, le besé la mano a los dos. Mis dos compañeros de destino,
algo asustados, ni siquiera se acercaron a Él. Seguramente que nunca han ido a
misa y no saben cómo comportarse ante el Altísimo. Me parece que estos dos
“elementos” no van a entrar en el cielo, y la verdad es que lo prefiero, porque
huelen un poco mal y además parece que no son de fiar… ¡Con esas pintas! ¡Algo
habrán hecho en vida y ahora tendrán su merecido castigo!
Entonces
Dios se acercó a ellos y, sin ni siquiera mirarme, les dijo a mis dos
acompañantes: “Acercaos vosotros, hijos míos, tengo un sitio preferencial para
vosotros dos. Ahora podréis descansar tranquilamente y disfrutar de todo lo que
habéis carecido durante vuestras vidas.”
En
ese momento, no entendía la postura de Dios… Creía que se estaba equivocando
con esos dos “rateros” y le pregunté: “¿Y yo, Señor? Si has preparado para
ellos un sitio preferencial, mi lugar será mucho mejor… Seguramente sabrás que
toda mi vida la he dedicado enteramente a darte culto y a hacer buenas obras
por Ti… ¿No te das cuenta, Señor, que estos dos son unos delincuentes que
seguro no te conocen? ¿Cuántas veces te han rezado y han ido a misa? ¿Qué
limosnas te han dado? ¿Cuándo han ayunado por Ti? ¿Qué buenas obras han hecho
éstos?
Ante
mis preguntas, Dios se acercó lentamente, me miró con gran ternura (seguramente
se había dado cuenta de su error) y me dijo: “Tienes razón, hijo mío, en casi
todo lo que dices… Pero te falta comprender algunos “pequeños” detalles. Claro
que estos dos son unos ladrones y han estado en la cárcel (soy Dios y lo sé
todo), pero te voy a contar algo de sus vidas que seguramente desconozcas… Desde
que tenían ocho años no han sabido hacer otra cosa que robar. Sus padres
murieron en un accidente laboral en una empresa sin apenas medidas de
seguridad… Cobraban un sueldo de miseria y además trabajaban sin seguro. Creo
que algo te suena, porque aunque nos les conocías trabajaban en una empresa de
tu propiedad. Pero aún hay más, al
quedarse huérfanos, nadie se preocupó por ellos y tampoco pudieron ir a la
escuela porque ésta había sido derribada para construir unas viviendas de lujo…
Me parece que tú sabes algo de esto, porque la empresa constructora, de la que
tú eras dueño, fue la encargada de la obras. Sin poder ir a la escuela,
intentaron trabajar, pero como no tenían formación nadie en la ciudad les
contrataba… Entonces cayeron en el mundo de la droga y se dedicaron a malvivir
como pudieron… ¿Sabes como murieron? Te lo voy a contar. Tras haber robado un
coche y despistar a la policía se encontraron con un accidente de tráfico… Un
coche se había salido en una curva estampándose contra un árbol… Podían haber
pasado de largo pero, arriesgándose, se detuvieron a atender al conductor de
aquel vehículo que se debatía entre la vida y la muerte. Cuando bajaron del
coche para poder socorrer al accidentado, una furgoneta pasó a gran velocidad y
les atropelló. Y allí quedaron los dos tendidos sobre el frío asfalto. Por eso
están ahora aquí, para recibir las llaves del cielo… Han entregado sus vidas
por intentar salvar la vida de otra persona. Ya ves, este es el único juicio al
que se enfrentan. Ah, otra cosa, ¿sabes que pasó con el herido del coche
accidentado? Aquel hombre, desgraciadamente, murió. Creo que le conocías… Aquel hombre eras tú…”
En
aquel momento lloré, Dios se acercó y me abrazó…
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